Ser inconsistente con las reglas y los límites.
– Usar la violencia como forma de disciplina, lo cual puede provocar que los niños aprendan que la violencia es una manera viable de resolver conflictos.
– Dar explicaciones demasiado extensas, que dificultan la atención y comprensión de lo que se espera de ellos.
– Ceder ante una crisis, ofreciéndole lo que desea o le agrade, para lograr que se calme.
– Comparar su conducta con la de otras personas, lo que puede generar sentimientos de desvalorización que no favorece el cambio sano de conducta.
– Generalizar un comportamiento a la identidad, utilizando expresiones que califican al niño por lo que hace (¨eres un irresponsable¨) en lugar de señalar específicamente la conducta que necesita modificarse (¨eso no es responsable¨).
– No poner suficiente atención en las conductas adecuadas, dejando de reconocer y reforzar los comportamientos esperados.
– Establecer consecuencias que no se relacionan con la conducta realizada, lo cual dificulta que el niño o adolescente comprenda la relación entre sus acciones y sus consecuencias.
– Establecer consecuencias poco realistas o difíciles de cumplir, lo que dificulta su aplicación y reduce la consistencia de los límites.
Greene, Ross W. (2021). El niño explosivo: Un nuevo enfoque para la crianza de niños fácilmente frustrados y crónicamente inflexibles. HarperCollins.